El anunciado encuentro entre tiktokers de Honduras y Brasil, organizado por “Supremo”, desató una controversia inesperada alrededor del Estadio Nacional.
En sus redes, Supremo aseguró que Mario Moncada, titular de Condepor, estaba poniendo trabas y buscando lucrarse del evento. Incluso amenazó con trasladar el espectáculo a San Pedro Sula, presentándose como víctima de un supuesto bloqueo institucional.
Sin embargo, el titular de Condepor aclaró que nunca se negó el uso del estadio ni se bloqueó la organización del partido.
Desde el inicio, Moncada delegó un representante para acompañar el proceso y, según sus palabras, lo único que pidió fue respetar a los vendedores tradicionales que llevan años trabajando en ese espacio con la venta de tajaditas, refrescos y otros productos.
El punto de fricción parece estar justamente ahí: mientras Moncada defendía a familias humildes que dependen de esas ventas, Supremo pretendía limitar su participación para imponer su propia logística de negocios.
Lo que prometía ser un evento de entretenimiento terminó convertido en un choque de intereses: de un lado, la defensa de los pequeños emprendedores; del otro, la intención de monopolizar ganancias en nombre de un espectáculo privado.
