Como dice el popular refrán: “Cuando el río suena… piedras trae”.
Muchos se preguntan por qué Ana García, ex precandidata presidencial y figura dirigente del Partido Nacional, ha evitado cualquier muestra pública de apoyo hacia Cossette López, a pesar de que dentro del partido la consideran una “heroína” por enfrentarse al consejero de Libre en el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Una fuente nos ofreció una versión que explica este distanciamiento.
Esa fuente nos confirmó lo que desde hace un tiempo es vox populi en los círculos políticos y mediáticos: que la consejera del CNE, Cossette López, mantuvo una relación personal más allá de lo profesional con Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras y figura central de uno de los capítulos más oscuros en la historia reciente del país, actualmente preso en Estados Unidos por narcotráfico.
No se trata de un ataque personal, sino de un asunto de interés público. La posible relación sentimental entre López y Hernández adquiere relevancia al considerar la influencia política que él ejerció en su ascenso, y los puestos estratégicos que ella ha ocupado con el respaldo del Partido Nacional.
El origen del vínculo
Nuestra fuente señala que la relación entre ambos se remonta a los años 2005 o 2006, cuando Cossette López, entonces de 22 años, fue entrevistada por Juan Orlando Hernández —por aquel entonces diputado por Lempira y secretario del Partido Nacional— para ocupar un puesto en el Congreso Nacional.
Ella fue seleccionada entre varios aspirantes y trabajó de manera muy cercana a Hernández durante los años siguientes, en una etapa en la que él consolidaba su control político dentro del Congreso y el partido.
El misterio de su desaparición y el nacimiento de una hija
Alrededor del 2009, Cossette López quedó embarazada y su rastro desapareció durante varios años. Desde entonces, se han multiplicado las especulaciones sobre la paternidad de la niña nacida en ese período.
Nuestra fuente asegura que fruto de esa relación nació una hija que hoy tiene 15 años, y que durante ese tiempo Hernández y el Partido Nacional le brindaron apoyo para mantener un bajo perfil y continuar sus estudios.
Gracias a ese respaldo, López cursó estudios de especialización en derecho constitucional y parlamentario en la Universidad de Madrid, y posteriormente un diplomado en gobernabilidad local y procesos de descentralización a través de la Escuela Virtual del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Este período coincidió con el ascenso político de Hernández, lo que le permitió mantener una posición estable dentro de la estructura de poder, aunque sin cargos públicos visibles mientras duró su ausencia.
El retorno a la escena pública y el caso Trans-450
Alrededor del 2012, Cossette López reapareció en la vida pública como secretaria general (o secretaria municipal) de la Alcaldía del Distrito Central, bajo la administración del entonces alcalde Ricardo Álvarez, también miembro destacado del Partido Nacional.
Desde ese cargo, López tuvo participación directa en la aprobación del fallido proyecto de transporte Trans-450, una obra que terminó costándole más de mil millones de lempiras a la ciudad de Tegucigalpa.
Fue su firma la que validó el acta decisiva para la ejecución del proyecto, pese a las advertencias de irregularidades y la falta de estudios técnicos adecuados.
Además, defendió públicamente la legalidad de la obra frente a cuestionamientos judiciales. Este episodio consolidó su imagen como una funcionaria leal al Partido Nacional, dispuesta a sostener decisiones impopulares con el respaldo del poder.
Conflicto con Ana García
Nuestra fuente también aseguró haber presenciado un episodio en el que Ana García golpeó violentamente a Cossette López frente a varias personas, dejándola con lesiones visibles.
“La dejó moreteada y bien fregada”, comentó textualmente el testigo.
Desde entonces, Ana García habría tomado distancia y evitado cualquier vínculo con López, a quien en su momento muchos nacionalistas consideraban una mujer de confianza del expresidente.
El intento fallido de llegar al poder legislativo
Con el respaldo directo de Juan Orlando Hernández y del Partido Nacional, Cossette López fue promovida como candidata a diputada en las elecciones de 2013.
Durante la campaña, apareció en videos promocionales de Hernández, quien pedía el voto tanto para su candidatura presidencial como para los candidatos a diputados, entre ellos Cossette López.
Sin embargo, López no logró ganar una curul en el Congreso Nacional, pese al apoyo de la maquinaria partidaria. Aun así, su vínculo con el poder se mantuvo firme, y su carrera continuó bajo la sombra del respaldo presidencial.
Una carrera apoyada por el poder
Ya con Juan Orlando Hernández en el poder, Cossette López fue enviada nuevamente al extranjero para capacitarse en asesoría jurídica parlamentaria en el Congreso de los Diputados de España, así como en gobierno y derecho local, con énfasis en derecho municipal, en la Universidad Autónoma de Madrid.
También se especializó en gestión pública y desarrollo institucional en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, fortaleciendo un perfil técnico alineado con la estructura gubernamental nacionalista.
Del PARLACEN al Consejo Nacional Electoral
En 2022, gracias al respaldo del Partido Nacional, Cossette López fue electa diputada del Parlamento Centroamericano (PARLACEN), un espacio que históricamente ha sido utilizado para proyectar figuras cercanas al oficialismo.
Su paso por el organismo fue discreto, pero marcó la consolidación de su carrera internacional.
En 2024, presentó su renuncia formal al PARLACEN, tras ser nombrada consejera propietaria del Consejo Nacional Electoral (CNE), posición clave en el actual sistema electoral hondureño.
La trayectoria de Cossette López no puede entenderse sin el influjo del Partido Nacional ni sin el apoyo directo de Juan Orlando Hernández.
Su carrera combina mérito académico, respaldo político y vínculos personales que moldearon su ascenso dentro del aparato institucional hondureño.
Más allá de los rumores y las versiones encontradas, la historia de Cossette López revela una constante en la política hondureña: la delgada línea entre la influencia, la complicidad y el poder disfrazado de mérito.