Dos de las familias más poderosas de Honduras están entre los mayores financistas del proyecto televisivo de Salvador Nasralla

El candidato presidencial liberal Salvador Nasralla ha intentado proyectarse en la escena política como una figura independiente, ajena a las élites económicas del país.

Sin embargo, la realidad es que su proyecto televisivo X-0 Da Dinero ha recibido un fuerte financiamiento de algunas de las familias más poderosas de Honduras, identificadas en el ranking de los grupos empresariales con mayor capacidad económica del país.

Entre los mayores financistas del proyecto televisivo de Nasralla se encuentran las familias Atala–Faraj y Bueso Anduray, ambas incluidas en la lista de las diez dinastías con más peso económico en Honduras.

Estos clanes, con participación en el sistema financiero y en cadenas comerciales de gran alcance, han destinado a lo largo de los años cientos de miles de lempiras e incluso millones al sostenimiento del programa televisivo que Nasralla convirtió en su plataforma de proyección masiva.

La familia Atala–Faraj es considerada una de las más poderosas del país, con influencia determinante en el sector financiero y comercial. Entre sus empresas destacan: Banco Ficohsa, Farmacias Kielsa, Diunsa y Tengo.

Jorge Faraj (Diunsa) y Camilo Atala (Ficohsa) son primos hermanos

Estas empresas han figurado de manera recurrente como patrocinadores de los premios de X-0 Da Dinero, aportando desde bonos en efectivo y productos valorados en miles de lempiras hasta camisetas de la Selección Nacional.

Por su parte, la familia Bueso Anduray, con vínculos también con la familia Goldstein, controla el Banco Atlántida, la institución financiera más antigua del país.

A través de este banco, los Bueso han mantenido una relación cercana con proyectos televisivos y mediáticos, incluyendo el financiamiento a X-0 Da Dinero, mediante premios en efectivo y patrocinios que se han contabilizado a lo largo de años.

Un conflicto de interés evidente

El hecho de que Nasralla haya recibido un respaldo sostenido de sectores que concentran enormes privilegios fiscales y financieros abre un inevitable debate sobre la independencia de su proyecto político.

Mientras el presentador y ahora candidato insiste en negar que sea títere de la oligarquía hondureña, el flujo de financiamiento desde estas familias pone en evidencia al menos un serio conflicto de interés.

La polémica se agudiza porque Nasralla se ha opuesto públicamente a la Ley de Justicia Tributaria, una iniciativa que busca eliminar los beneficios fiscales de los grupos empresariales más ricos.

Su resistencia a apoyar esta reforma coincide con la dependencia económica que su proyecto mediático mantiene respecto a las mismas familias que se beneficiarían de mantener intactos esos privilegios.

Más allá de los discursos, lo cierto es que su plataforma televisiva no podría haberse sostenido en el tiempo sin el aporte de quienes hoy controlan vastos recursos en banca, comercio y finanzas.